Lo que aprendí enseñando
PILATES…
Muchas veces en clase oigo esa frase de…. “veo a todos que lo hacen estupendamente y yo no”. Y la verdad, nunca suele haber tanta diferencia como la persona cree apreciar. Pero, además, pocas veces es un: “madre mía cómo empecé y mírame ahora”, independientemente de cómo vayan los demás.
Todavía es más acuciado cuando la persona viene por primera vez a un grupo ya hecho, que lleva tiempo. Mira a los demás encima de la softball o con la tabla de equilibrio y se desespera. No piensa, “es mi primera clase”. Suele pensar, “madre mía que mala soy para esto”. Por no hablar de las veces que habré oído decir a alguien: “Yo es que el equilibrio lo llevo fatal” y no es verdad. El tiempo me demuestra que, en un número muy elevado de los casos, eso no es más que una creencia errónea sobre uno mismo.
No nos cuidamos, ni somos amables con nosotros. Nos cuesta darnos permiso para poder equivocarnos, para parar si nos lo pide el cuerpo, para apoyarnos en la pared cuando nos tambaleamos o para dejar el pie en la colchoneta, aunque seamos los únicos que lo necesitamos.
Son tiempos complicados, como complicados son algunos de los ejercicios que practicamos aquí. Mi deseo para este año es que os llenéis de amabilidad.
Para apoyaros cuando os haga falta, para parar y empezar de nuevo, para intentarlo con más fuerza y para creer en vuestras posibilidades. Para que, si os fijáis en el otro, sea para aprender y crecer, no para machacaros.
Porque si algo he aprendido enseñando Pilates, es que los grupos pueden hacer milagros en cada uno de nosotros, y que cada una de nosotras puede hacer milagros en el grupo. Y, sin duda, que la amabilidad puede hacer fácil lo difícil.
Un abrazo enorme y Feliz Inicio de Año.
Marta





